No soy un tío supersticioso. Salvo, cuando me examinaba. Ahora
veréis por qué ha surgido escribir esto precisamente hoy:
Resulta que tampoco soy un tío que desayune mucho. Al menos,
no cuando me toca salir corriendo de casa, los findes algo más. Pero el caso es que sí que me como un yogur (al que,
como costumbre, suelo quitar el papel de alrededor después de comérmelo) y hoy,
cuando iba a tirar el envase a la basura, he visto que había un boli en el
cubo.
Y resulta, que mi hermano tenía hoy examen. Y que el boli era
suyo. Inquietante, ¿eh?
Pues para mí lo habría sido porque tenía una manía
cuando me examinaba: tenía que hacer el examen encuestión con el mismo boli que había estado usando
mientras lo estudiaba.
Es que era el boli que había estado en contacto directo con
la sabiduría de los apuntes…
Y tenía otra manía, pero esa diferente: tenía unos
calzoncillos de la suerte. Y digo tenía porque, tristemente, fenecieron hace
ahora 10 días tras rasgarse la tela. Los sastres no pudieron hacer nada y sólo acudieron al lugar para certificar su muerte.
Espero sustituirlos porque lo de ponerme los “gallumbos de la
suerte” lo he seguido haciendo y quiero pensar que funciona.
Y ya. Otro día cuento más tontadas.