jueves, 31 de octubre de 2013

Supersticiones #1

No soy un tío supersticioso. Salvo, cuando me examinaba. Ahora veréis por qué ha surgido escribir esto precisamente hoy:

Resulta que tampoco soy un tío que desayune mucho. Al menos, no cuando me toca salir corriendo de casa, los findes algo más. Pero el caso es que sí que me como un yogur (al que, como costumbre, suelo quitar el papel de alrededor después de comérmelo) y hoy, cuando iba a tirar el envase a la basura, he visto que había un boli en el cubo.

Y resulta, que mi hermano tenía hoy examen. Y que el boli era suyo. Inquietante, ¿eh? 

Pues para mí lo habría sido porque tenía una manía cuando me examinaba: tenía que hacer el examen encuestión con el mismo boli que había estado usando mientras lo estudiaba. 

Es que era el boli que había estado en contacto directo con la sabiduría de los apuntes…

Y tenía otra manía, pero esa diferente: tenía unos calzoncillos de la suerte. Y digo tenía porque, tristemente, fenecieron hace ahora 10 días tras rasgarse la tela. Los sastres no pudieron hacer nada y sólo acudieron al lugar para certificar su muerte. 

Espero sustituirlos porque lo de ponerme los “gallumbos de la suerte” lo he seguido haciendo y quiero pensar que funciona.


Y ya. Otro día cuento más tontadas.

martes, 29 de octubre de 2013

Reflexión #1

Necesitaría a alguien que apuntara las ideas que tengo mientras me ducho porque, por alguna razón que desconozco, cuando me ducho por las mañanas me fluyen las ideas por la cabeza con una decisión, una claridad y creatividad de las que carezco el resto del día. 

O, bueno, quizá me valdría con una libreta impermeable...

martes, 15 de octubre de 2013

Desiderata #3

De siempre he pensado que de mayor quería ser como un niño y seguir teniendo capacidad de fascinación. Es lo que más me llama la atención de la infancia. Todo está por descubrir, todo ilusiona. 

Y eso, que de mayor quiero ser pequeño. 

lunes, 7 de octubre de 2013

Defectos #1

Después de dos virtudes, es inevitable que cuente, al menos, un defecto. No es el único que tengo, ya me gustaría...

La cuestión es que desde siempre he usado una agenda. Suele ser mi fiel compañera (y no sigue con "la que me da y me quita alegrías y penas, como rezaba la canción de Piperrak...). En ella llevo toda mi vida desde los libros que voy leyendo a mis inquietudes, pasando, cómo no, por lo que tengo que hacer... que para eso es una agenda.

¿Y dónde radica el defecto entonces? Es simple. De puro procrastinador, dejo algunas tareas no sólo para más adelante, sino sin realizar de forma indefinida. Pero tampoco es éste el defecto al que me refiero, sino el hecho de que las tacho como si las hubiera hecho y las vuelvo a apuntar días más tarde.

Estos días tengo una de esas tareas rondando, pero esta vez no la he apuntado en ninguna parte, para no tacharla sin más. Como si, a fuerza de no escribirla, diera igual cuánto la dilate, pudiendo confiar así en que no se quedará sin realizar...






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PD: pido perdón a quien me tuviera idealizado y haya pasado un mal rato viendo que tengo defectos. 
PD2: obviamente, es broma. Aunque otro de mis defectos sea el tener un humor... digamos que complejo.