La teoría que hoy expongo surgió de forma conjunta entre amigotes en
la Facultad de Geografía e Historia de la Complutense. Como no estudié ahí (me refiero a que no
hice esa carrera porque, ir a estudiar, iba a diario. Otro tema es que llegara
siquiera a sentarme…), las opciones de lugares en que se formuló esta
teoría se reducen básicamente tres: la biblioteca, la cafetería o el pasadizo.
La cuestión es que, como no somos ciegos ni tampoco de
piedra, veíamos a diario un montón de mozas que normalmente parecían normalitas y
otros días, sencillamente espectaculares. Esos días pasaron a denominarse los “días de
radiaciones”.
Así que esta pincelada podría plantearse como sigue: hay días en
que las tías están radiantes por la razón que sea. Supongo que todos los tenemos, pero los hay como yo,
que ponemos tan alto el listón a diario, que es difícil saber cuál es el día “aún
más bueno”. Soy todo humildad.
Bueno, ahora un fragmento del ensayo “La industria de
la belleza”, de Aldous Huxley:
[…] La verdadera belleza es tanto cuestión del yo interno como de la apariencia exterior del yo. La belleza que posea una jarra de porcelana es cuestión de forma, de color, de textura superficial. La jarra puede estar vacía o servir de alojamiento a las arañas: puede estar llena de miel o de lodo pestilente, que eso en modo alguno modifica su belleza o su fealdad. En cambio, una mujer es un ser vivo, y su belleza no se encuentra sólo a flor de piel. La superficie de la vasija humana se ve afectada por la naturaleza de su contenido espiritual. He visto a mujeres que, a juzgar por los criterios de un experto en porcelana, eran arrebatadoramente adorables. Sus formas, su coloración, su textura superficial eran perfectas. Y a pesar de todo no eran bellas, pues tan excepcional vasija estaba vacía, o bien estaba llena de corrupción. La vaciedad o la fealdad espirituales se reflejan en el exterior; a la inversa, existe una luz interior capaz de transfigurar las formas que un esteta puro tendría por imperfectas o por manifiestamente feas. […]
Y, leyendo esto, me acordé de mi “sistema de puntuación”,
que básicamente consiste en: 5 puntos la
cara, 2 el cuerpo, hacer un burruño con la puntuación que va hasta este momento
y ponderar para arriba o para abajo según el carácter y lo que haya dentro de
la cabeza de la chica a evaluar.
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