Aunque considero
que tengo algunas buenas cualidades (eso sí, bastantes menos que defectos y muy
ensombrecidas por ellos), está claro que la constancia no es de mis mayores
virtudes. Creo que lo he demostrado en estos meses que llevo sin escribir por
aquí.
Y no será por
falta de ideas, que como le dijo Dalí a Le Corbusier, "siempre tengo
ideas", sino más bien porque me falta constancia y así no hay quien se
siente a escribir. Y me jode, porque lo mismo Sampedro que Bradbury, que son
dos de mis referentes más claros, ponían el esfuerzo entre lo más importante
para conseguir algo digno de ser leído. Aunque entra en contradicción con
Malatesta, que decía que quien más aprecio siente por el esfuerzo y el trabajo
es quien nunca se ha esforzado y nunca ha trabajado. Y Malatesta también es uno
de mis referentes, en este caso ideológico (de ideas, no de ideología, que prefiero
no tener para considerar que soy dueño de mis ideas y no al contrario).
Total, todo esto
para decir que, tras el involuntario parón veraniego, espero volver a publicar por aquí con cierta
regularidad. Aunque sólo sea para que este blog no se convierta en otro de esos
en que aparece la frase lapidaria de “Hacía mucho que no publicaba, pero a partir
de ahora lo haré más a menudo, prometido”, en que miras la fecha de esta última entrada
y han pasado ya dos o tres años.
Bienvenidos, pues,
a la temporada de otoño de lo que pasa por mi cabeza. O bienvenido yo (que además,
para quien no lo sepa, es mi santo), porque en el fondo escribo esto como una misiva
a “mi yo de dentro de 10 años”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario